
Doré. |
El ganado de lidia. En
gran parte de los municipios de la península ibérica perdura o ha perdurado
hasta hace poco la costumbre de conmemorar con festejos taurinos sus días
grandes. Muchos
autores suponen orígenes remotos, e incluso mitológicos, a esta tradición
pero es probable que sean algo más prosaicos. Posiblemente
mantenga alguna atávica relación con el circo romano, quien a su vez podría
haber sido influido por tradiciones taurinas muy remotas, como la cretense.
Con lo que no podemos estar de acuerdo es con el pretendido origen musulmán
de esta tradición ibérica. Si los hispano-musulmanes realizaban festejos
taurinos no sería por ser musulmanes sino por ser hispanos. Lo
que es evidente es que esta tradición no hubiera surgido de no haber contado
con la presencia de toros bravos. Los romanos utilizaban fieras de todo tipo
para celebrar sus circos, incluido el uro o toro salvaje, muy común por
entonces en toda Europa pero, una vez extinguido y ante la dificultad de
importar fieras africanas, habría desaparecido la costumbre, como ocurrió en
el resto del mundo romanizado.
Combate entre un uro y un oso en el circo romano. Permanencia del toro bravo en la
península ibérica. Las
circunstancias históricas propiciaron que, hasta el siglo XIX, se mantuvieran
en España grandes extensiones de tierras baldías en manos de la realeza, la
aristocracia, la Iglesia y los municipios. Gaspar Melchor de Jovellanos (Informe de la Sociedad Económica de Madrid
al Real y Supremo Consejo de Castilla, 1820) decía sobre ellos: “Su origen viene, no menos, que del tiempo
de los wisigodos, los cuales ocupando, y repartiendo entre sí dos tercios de
las tierras conquistadas, y dejando uno solo a los vencidos, hubieron de
abandonar y dejar sin dueño todas aquellas a que no alcanzaba la población,
extraordinariamente menguada por la guerra. A estas tierras se dio el nombre
de campos vacantes, y estos son por mayor parte nuestros baldíos.” “No
sabiendo estos bárbaros más que lidiar y dormir, y siendo incapaces de
abrazar el trabajo, y la diligencia que exigía la agricultura, prefirieron la
ganadería a las cosechas, y el pasto al cultivo. Fue pues consiguiente, que
se respetasen los campos vacantes, como reservados al pasto común y aumento
del ganado” La invasión musulmana incidió en
esta tendencia ya que, en la extensa zona fronteriza, la práctica de la
agricultura resultaba demasiado expuesta a las racias del enemigo por lo que
su aprovechamiento era exclusivamente mediante la caza y el pastoreo. A partir del siglo XII surgen
órdenes militares como la de Santiago, Temple, Avis, Montesa, Calatrava o
Alcántara, a las que se las encomendará la conquista de amplios territorios
en el Alentejo, Extremadura, La Mancha, Campo de Calatrava y Maestrazgo, que
pasaron a ser regentadas por ellas a través de “encomiendas”. Estos
territorios, que se mantuvieron en gran parte incultos, permanecieron en sus
manos hasta las desamortizaciones del siglo XIX. Otras grandes porciones de
territorio quedaron en manos de las órdenes religiosas o en poder de la
aristocrácia. A este problema del desequilibrio
en el reparto de las tierras se le sumaba la endémica baja densidad
demográfica producida por las contínuas guerras de reconquista, guerras entre
los reinos peninsulares, de Italia, de Flandes, de Francia, etc, o la sangría
poblacional que supuso la conquista y colonización del continente americano. Grandes extensiones de la zona
costera de levante y del sur también permanecieron baldías debido a la acción
predatoria ejercida por los piratas berberiscos hasta comienzos del siglo
XIX. Este cúmulo de factores permitió
que muchas de las zonas que hoy vemos ocupadas por cultivos permanecieran,
hasta el siglo XIX, cubiertas de vegetación espontánea y aprovechadas con
ganado que, en el caso del vacuno, se mantenía en el mismo estado cerril de
sus ancestros salvajes. La
raza de estos vacunos variaba de unas zonas a otras pero tenían en común el
tipo ambiental y el carácter bronco ya que éstos estaban definidos por las
condiciones naturales en que se desarrollaban. Prácticamente
la única intervención humana consistía en su captura con destino a su
sacrificio y aprovechamiento cárnico. El
consumo de carne de vacuno en España ha sido, hasta épocas recientes, muy
escaso y se limitaba (exceptuando a las clases más pudientes) a las fiestas
patronales y otros días muy señalados. Era
costumbre que los carniceros se aprovisionaran de canales de vacuno días
antes de dichas fiestas. Para ello, una vez ajustado el precio con el o los
propietarios, encargaban a los vaqueros que hicieran la saca, es decir; que
sacaran los toros del monte o dehesa y los encerraran en la plaza del pueblo
donde, con ayuda de perros alanos, que los inmovilizaban sujetándolos de las
orejas y hocico, procedían a desjarretarlos (cortarles el jarrete o tendón de
Aquiles), apuntillarlos y desollarlos antes de llevarlos a los tajos donde se
destazaban y procedía a su venta al detalle. Estas
labores llegaron a constituirse en elementos fundamentales de los festejos y
los vecinos, especialmente los más jóvenes, participaban en la saca y
encierro de las reses, sirviéndoles de jolgorio y dándoles la ocasión de
lucir su destreza y valor. Con el tiempo ese sentido lúdico se fue
acrecentando hasta convertirse en un espectáculo popular y eclipsar el
verdadero sentido de dichas labores. Los matarifes o jiferos asumieron su
parte en el espectáculo y, antes de sacrificar a la res, procuraban hacerla
alguna suerte que sirviera de regocijo al público congregado. Algunos
llegaron a destacar sobremanera, hasta el punto de disputarse sus servicios
entre los municipios principales, originándose así el oficio de matador o
torero.
Incluso
algunas puntuales contrariedades llegaron a convertirse en diversión, como la
fuga de algún toro por las calles del pueblo o por la vega, que en algunas
localidades ha llegado a instituirse como tradición festiva. Dada
la pujanza que adquirieron estos festejos taurinos se procuró elegir los
toros de entre las vacadas que más se destacaban por su bravura y que más
juego daban en la lidia, y algunos propietarios empezaron a especializarse en
esta vertiente ganadera. Sin embargo, la mayor parte de las ganaderías bravas
surgen como consecuencia de las desamortizaciones de los siglos XVIII y XIX.
Una gran porción de los terrenos enajenados fueron desmontados, roturados y
dedicados al cultivo, por lo que muchas de esas vacadas fueron eliminadas. Al
existir una gran demanda de toros para la celebración de los festejos
taurinos y decrecer su disponibilidad no faltaron algunos propietarios que,
bien porque sus fincas eran de peor calidad o bien por afición, se
especializaron en la cría de ganado bravo. Hasta
entonces estos ganados se correspondían con el tronco genético propio de cada
zona (rojo, negro o castaño) pero a partir de ese momento se empezaron a
mezclar castas de los diversos orígenes geográficos en busca de la bravura
deseada. Así la casta Navarra, que originalmente estaba compuesta por
ejemplares pertenecientes al tronco castaño, propio del valle del Ebro, con
influencias del Betizu pirenaico que se llegaba hasta allí para invernar,
fueron llevados al Puerto de Santa María, donde se mezcló con ganado gaditano
para fundar la casta de “los Gallardos” o a Salamanca, donde se fundió con la
ganadería de Bernabé Covaleda. Al tiempo que ganados de otras procedencias
fueron llevados a Navarra y mezclados con los nativos hasta provocar la
práctica desaparición de aquella casta autóctona. Otro tanto ocurrió con la
casta “Jijona”, también de capa castaña y colorada, que antaño se encontraba
entre las faldas del Guadarrama y el Valle de Alcudia. Toros de Salamanca
fueron llevados a Arcos de la Frontera para formar la casta de “Espinosa”
(Zapata) mientras que los de Salamanca fueron cruzados con los de estirpe
“vazqueña” oriundos de Utrera. También de Utrera eran los “Vistahermosa”,
cuya sangre está hoy presente en muchas de las más renombradas ganaderías.
Este trasiego genético es el causante de que el ganado bravo presente tal
diversidad de capas y formatos. Jocinero (Miura) 1862 Volver arriba.
Influencias
africanas |
||
|
|
|