
Hernando
de Soto
San José
(Texas)
Indios
Nez Perce, 1895 (Wikipedia)
Ulises.
S. Grant
Brooklyn
Supreme www.stallionstation.com/gentlegiants/photos
www.angelfire.com/az/xochitl/Photoalbum
George
Catlin |
El caballo mustang. Mustang es el nombre
que usan los estadounidenses para referirse a el caballo cimarrón o mostrenco
que habita en América del norte. La palabra mustang es
una adaptación al inglés del término castellano mestenco, que, según la
R.A.E. significa que no tiene señor o amo conocido. En España mestenco derivó
en mostrenco, término usado actualmente para definir a los animales que,
perteneciendo a especies domésticas, viven como las silvestres, cerriles y
sin amo.
Inglés:
Mustang Llegada del caballo a América Algunos autores dicen
que el caballo ya existió en América pero que se extinguió hace 11-13.000
años. Esto no es correcto ya que las especies a las que se refieren son
antecesoras del género Equus, a la
que también pertenecen las cebras, hemiones, onagros y asnos. La forma más parecida
de las descubiertas hasta el momento es la del Equus lambei, que habitó la zona del Yukon en Alaska y se
extinguió hace 10.000 años, pero no pertenecía a la especie Equus caballus. Tampoco la efímera
arribada de los vikingos a la isla de Terranova en el siglo XI parece que
aportara caballos o, si lo hizo, no trascendieron. Fue en el segundo viaje
de Cristóbal Colón (1493) cuando llegan a la Española, los primeros caballos
a América. La cría de caballos se
extendió pronto a Cuba y Jamaica, de manera que, a partir de1520, ya no fue
imprescindible importarlos desde España y estas islas sirvieron como
abastecedoras de caballos para la posterior conquista y colonización del
continente. Probablemente, el
primer caballo cimarrón en el continente americano fue el potro de la yegua
de Juan Sedeño, vecino de la Habana que se unió a la expedición de Hernando
Cortés en la villa de Trinidad. Aportó un navío con tocinos salados y pan
cazabe (de yuca) además de un esclavo negro y una yegua castaña (que luego
fue muerta en Tascala). Esta yegua estaba preñada y parió en la travesía
hacia las costas mejicanas. Cuando, camino de México, atravesaron la Sierra
Norte de Puebla, el potro se extravió
y vagó libre hasta que, después de la toma de Tenochtitlán, fue nuevamente
capturado. Bernal Díaz del Castillo dice que fue domado y resultó un buen
caballo. De forma que no sólo fue el primer cimarrón sino que también fue el
primer cimarrón capturado y el primer caballo domado en el continente
americano. Luego le siguieron muchos millones más. Con Cortés
desembarcaron en México 11 caballos y 5 yeguas y, a pesar de ser tan escasa,
esta caballería fue determinante. Bernal Díaz dice: “los de a caballo estaban tan diestros y hacianlo tan varonilmente,
que, después de Dios, ques el que nos guardaba, ellos fueron fortaleza”.
Pocos de estos primeros
caballos sobrevivieron a las batallas pero siguieron llegando más con Pánfilo
de Narváez, Francisco de Garay, Lucas Vázquez de Ayllón, Alfonso de Ávila,
Francisco Álvarez Chico, Pedro Barba, Rodrigo Morejón, Juan de Burgos, Juan
de Salamanca, Miguel Díez de Aux y Francisco Ramírez “el Viejo”. En la toma
de Tenochtitlán participaron 90 caballos de los que seis murieron. Los caballos se extienden por Norteamérica Tras la conquista de
Tenochtitlán Cortés procedió a otorgar encomiendas entre sus compañeros de
armas, iniciándose la colonización y, con ella, la crianza de caballos en
Norteamérica. En 1521 se establece el
Virreinato de la Nueva España quien, junto a Cuba, fueron los dos focos desde
donde se extendieron las conquistas y expediciones hacia el norte del
continente. Todas las incursiones terrestres llevaron caballos. Las que
partían de Cuba hacia la Florida llevaban un número más contenido para
ajustarse a las limitaciones de espacio dentro de las embarcaciones pero las
que partían de México solían llevar una gran piara con las dobladuras o
remudas. El control sobre esas manadas de caballos era más limitada y, con
frecuencia, se extraviaban algunos ejemplares que quedaban en libertad o en
posesión de los nativos. Desde Cuba penetraron
en la Florida los caballos españoles de la mano de conquistadores como Lucas
Vázquez de Ayllón que, en 1526, fundó San Miguel de Guadalupe en la actual
Virginia, a donde llevó 80 caballos, o Hernando de Soto, quien, en 1539,
desembarcó en la Florida con cerca de mil soldados, 800 indios y 350 caballos
y atravesó los territorios de los actuales estados norteamericanos de
Georgia, Carolina del Sur, Carolina del Norte, Tennessee, Alabama, Arkansas,
Oklahoma y Tejas. De Soto, después de duros enfrentamientos con las tribus
choktaw y chicashawen, murió a orillas del Misisipi. Luis de Moscoso Alvarado
quedó al mando de la expedición y, tras una penosa marcha por el norte de
Luisiana y Texas, decidió regresar al Misisipi y embarcarse con dirección a
México. Casi todos los caballos que participaron en esa expedición murieron
pero algunos fueron deliberadamente puestos en libertad durante la batalla de
Mauvila (Alabama) para evitar que los indios los matasen a mansalva.
Probablemente nunca fueron recuperados ya que tras la batalla, que duró nueve
horas, no les quedaría ocasión ni fuerzas para hacerlo. En 1565, Pedro Menéndez
de Avilés fundó San Agustín en la Florida, la primera ciudad europea en lo
que hoy son los Estados Unidos de América.
Para 1587 ya se habían fundado los pueblos de Tolomato, Topiqui,
Nombre de Dios, San Sebastián, San Antonio, San Pedro y San Juan y se habían creado multitud de
misiones y fuertes. Con los colonos y soldados se extendieron los caballos
españoles por el este de Norteamérica. En 1540 Francisco
Vázquez de Coronado partió de Nueva Galicia con 300 españoles, 800 indios
tlascaltecas y 400 caballos en una expedición que le llevó a recorrer los
territorios que hoy se conocen como Nuevo México, Arizona, Texas, Oklahoma y
Kansas. Según Gómara, entre Cicuic (Pecos) y Quivira (Kansas) se extraviaron
3 caballos. No sabemos de qué sexo eran pero es posible que (aunque mínima)
ya dieran origen a la segunda población de mustangs. Esta expedición se topó
con las inmensas manadas de bisontes que poblaban entonces las praderas del
centro de Norteamérica y se vio en la necesidad de cazarlos para mantenerse
con su carne. Coronado le contaba en su carta al emperador Carlos V que los
bisontes les habían matado algunos caballos “porque son muy bravos y fieros animales” Esa sería la primera vez
en que se usaron caballos para la caza del bisonte y los indios querecho,
teya, kiowa, cheyenne y apache tomarían buena nota de su utilidad. Coronado regresó a
México en 1542 pero uno de los componentes de la expedición, Fray Juan de
Padilla, junto a Juan de la Cruz, tres negros, doce indios de Michoacán y
Andrés do Campo (uno de los compañeros de viaje de Alvar Núñez Cabeza de
Vaca) como intérprete, regresaron a Quivira con gran cantidad de caballos,
mulas, ovejas y gallinas. Tras pasar dos años evangelizando a las tribus de
Kansas Padilla murió flechado por indios hostiles y sus compañeros fueron
hechos prisioneros. Sólo do Campo logró regresar a México tras una caminata
épica. Los caballos que llevaron quedaron en poder de los indios o
abandonados en las praderas. En 1581, el capitán
Francisco Sánchez “El Chamuscado” salió de Chihuahua con una expedición
compuesta por nueve soldados, tres franciscanos y diecinueve indios
auxiliares, con noventa caballos y seiscientas cabezas de ganado, entre
ovejas, cabras, vacas y cerdos. Subieron por el río Conchos hasta su
confluencia con el río Grande. Luego remontaron este río hasta más al norte
de Alburquerque, desde donde se dirigieron al cauce del Pecos y desde allí a
las grades praderas del este. En 1582, una
expedición, al mando de Antonio de Espejo y compuesta por unas 50 personas y
115 caballos, salió de Santa Bárbara en busca de dos de los franciscanos de
la expedición de “El Chamuscado” que habían quedado allí como misioneros y de
los que se presagiaba alguna desgracia, como así resultó. Realizaron una ruta
similar por las riveras del Conchos, Grande y Pecos y luego se desvió hacia
Texas. El 27 de julio de 1590,
Gaspar Castaño de Sosa, alcalde de Villa de San Luis (Monterrey, Nuevo León)
decidió abandonar el territorio encomendado y dirigirse hacia el norte con
170 personas, recorriendo el cauce del Pecos y río Grande hasta Taos, en el
Norte de Nuevo México. Llevaron consigo una cabrada, una boyada y una
caballada. Las pérdidas de ganado
fueron constantes durante todo el
viaje, unas veces por hurto, como ocurrió el día siguiente de la
partida en el que unos indios les robaron algunos caballos, otras por la
escasez de agua, como sucedió el día 21 de octubre, en el que se les
escaparon las cabras por la gran sed que padecieron, otras veces por las
dificultades del trayecto: “respecto
del demasiado trabajo que hasta allí se trujo por la malicia de la tierra y
de las pocas aguas y trabajo de la caballada, que era lo que se sentía,
porque todos en general se desesperaban por la mucha piedra que había,
andando en demanda del río Salado, que era el que deseábamos. Gastose en esta
sierra veinte e cinco docenas de herraje, porque de otra suerte no se podía
andar, porque muchos caballos en dos o tres días se les gastaban las
herraduras, cosa no creída, y así se nos encogió mucha caballada”, o por falta de pastos con qué alimentarlos,
como sucedió el día 1 de noviembre: “faltaron
muchos caballos, respecto de que se apartaron por el poco pasto que había”, o
por culpa de los lobos: “En
11 del dicho salimos deste paraje, y fuimos caminando: en algunas partes
dormimos en una sabana muy buena, donde había muchos lobos, y mataron algunas
cabras que se salieron de la majada”. El 26 de noviembre perdieron mucha
caballada y constantemente tenían que andar en su búsqueda los indios
auxiliares, como explica el día 4 de diciembre: “porque,
los que lo vieron, eran indios que andando el día antes buscando unos caballos…”, o el día 7 de marzo de 1591: “fuimos
a un río y paraje, que dicen de Pedro de Íñigo; quedáronse algunos compañeros
este día por faltar caballos”.
En 1593, Antonio
Gutiérrez de Umaña y Francisco Leyba de Bonilla emprendieron una expedición
clandestina (sin autorización real) que les llevó por Texas hasta un gran rio
que podría ser el Kansas o el de la Plata (Platte) en Nebrasca. Sólo el indio
culiacanense Jusepillo Gutiérrez, que participó como faraute o intérprete,
logró sobrevivir para contarlo. No se sabe lo que ocurriría con los caballos
de esa expedición. En 1598, Juan de Oñate
organizó otra nueva expedición con 70 soldados, auxiliares indios (entre los
que se encontraba Jusepillo) y 600 caballos y mulas, por Texas, Nuevo México,
Arizona, Oklahoma y Kansas. Al final tuvo un enfrentamiento con los indios
escanjaque (¿wichita?) y se vio obligado a regresar a Nuevo México, donde
fundó la provincia de Santa Fe y la población de San Juan Pueblo.
Letrero
realizado por Oñate en el Morro, Cibola County, N.M. En 1599, el sargento
mayor Vicente de Zaldívar Mendoza, por orden de Oñate, hizo una incursión por
Nuevo México y Tejas con 60 soldados y el indio Jusepillo como guía e
intérprete. Su intención era capturar bisontes pensando que podría llevarlos
caminando a la nueva colonia de Santa Fe para abasto de la población. No
pudieron llevarlos vivos pero al menos llevaron gran cantidad de carne seca.
Poco a poco aquel
inmenso territorio se fue ocupando. Tras los expedicionarios llegaron las
órdenes religiosas que fundaron misiones y colonos que poblaron ciudades como
Santa Fe, Alburquerque, San Antonio, Nogales, San Diego, Monterrey, Tucson,
San Francisco… y multitud de ranchos en donde se criaban ovejas, cabras,
cerdos, vacas y caballos que se contaban por miles de cabezas. Los indios
aprendieron el oficio de vaquero, a manejar el ganado, montar un caballo,
domar un potro o tirar el lazo y se convirtieron en los peones indispensables
para atender las labores de los ranchos. El ganado pastaba a campo abierto y
los vaqueros, que tenían más de cazadores que de pastores, los recogían de
vez en cuando para marcar a las crías y retirar el excedente. Lo único que
diferenciaba al ganado doméstico del cimarrón era la marca en la nalga, no la
forma de vivir. De manera natural, serían muchos los caballos que se alzasen,
en especial los potros cuando, al destetarles la yegua, son expulsados de la
manada por el semental. Los caballos alzados raptaban a las yeguas domésticas
y se las llevan consigo para fundar manadas montaraces. Félix de Azara lo
cuenta así en so obra Viajes por la
América meridional (1808): “Tienen
también la (costumbre) de formar en
columna no interrumpida para embestir al galope a los caballos domésticos tan
pronto como los perciben, aun a dos leguas de distancia. Los rodean, o pasan
a su lado, los acarician, relinchan dulcemente, y acaban por llevárselos con
ellos para siempre, sin que los otros muestren ninguna repugnancia”. A los caballos perdidos
o abandonados por las expediciones y a los alzados de forma natural hay que
sumar los extraviados a causa de los ataques de las tribus hostiles, como
ocurrió en el caso de la revuelta de los indios pueblo (1680) en la que más
de 2.500 indios de las tribus taos, picuries, teguas y apaches encabezados por el dirigente religioso Popé se
rebelaron contra los españoles, arrasaron veintiún misiones franciscanas,
mataron a más de cuatrocientos españoles y asediaron Santa Fe, en donde se
encontraba el Gobernador Otermín, obligando a los españoles a abandonar la
ciudad y refugiarse en el Paso del Norte (Ciudad Juárez). Los españoles no
pudieron regresar hasta pasados 12 años. Las haciendas y ganados quedaron
abandonados. Esta revuelta propició
un muy considerable aumento de los caballos a disposición de las tribus
nativas pero ellas ya eran propietarias de caballos y otros ganados desde
tiempo atrás. Así se desprende de la carta que el Gobernador Otermín escribió
a fray Francisco de Ayeta el 8 de septiembre de 1680. En ella relata los
hechos acontecidos durante el levantamiento indígena y dice que, en el pueblo
de Tesuque, los indios, tras matar a fray Juan Pío, se habían retirado a la
sierra con sus caballos y los que robaron en el convento. En aquella ocasión los
indios pueblo se hicieron con más de 4.000 caballos y muchos acabaron en
manos de los apaches y comanches, quienes probablemente ya les usaban en la
caza del bisonte y en sus guerras.
George
Catlin Algunas tribus se
especializaron en el robo de ganado en las haciendas españolas. En 1684 se
produjeron ataques en Chihuahua, Casas Grandes y el Paso. Las tribus conchos,
sumas, chinarras, mansos, janos, y apache se levantaron en armas. José de
Neyra, Gobernador de Nueva Vizcaya informó que más de 40.000 cabezas de
ganado habían sido robadas por los indios rebeldes. En 1690 se levantaron
los indios tarahumara en Chihuahua. En 1696 se volvieron a levantar los
indios pueblo. El norte de México sufrió constantes ataques de las tribus
hostiles hasta bien entrado el siglo XIX. Probablemente, la disponibilidad
del caballo por parte de los indígenas (en especial comanches y apaches)
fuese un factor determinante en el cambio de actitud de los nativos.
Los caballos españoles,
unas veces por su propio pie y otras por el comercio entre las tribus, se
habían extendido hacia el norte. En 1740 ya habían llegado a Canadá y todas
las tribus de las praderas hacían uso del caballo. Los indios de
Norteamérica aprendieron a montar a caballo pero pocas tribus desarrollaron
el suficiente criterio como para considerarles ganaderos. Sólo se conoce el
caso de la tribu Nez Perce, que habitaba entre Washington y Oregón, creadores
de la raza appaloosa, si bien sólo les guiaba el mantenimiento de una
determinada capa. La mayoría de las tribus se limitaron a mantener caballadas
más o menos grandes cerca de sus campamentos que aumentaban o disminuían en
función de los robos de o a otras tribus vecinas. Eran muy severos con sus
caballos y, excepto a algunos que destacaban por su pintoresca capa, no les
tenían en demasiada estima. Les usaban brutalmente hasta que el animal no
daba más de sí y luego lo cambiaban por otro o se lo comían.
George
Catlin Lewis y Clark, en su
expedición hasta las costas del Pacífico (1806), encontraron a todas las
tribus montadas y les compraron numerosos caballos, con los que pudieron
realizar su viaje. Según cuentan en sus diarios, los caballos eran abundantes
y de excelente calidad pero tuvieron problemas a la hora de comprarlos ya
que era raro el que no tenía la cruz
gravemente lastimada por las malas sillas que los indios fabricaban. Los
indios, a pesar de verles lastimados, les seguían montando hasta que quedaban
completamente inútiles. Ulises S. Grant narra
en sus memorias que en 1846, siendo oficial de infantería del ejército de los
Estados Unidos de América, se dirigían a invadir México y encontraron entre el río Nueces y el río Grande
una manada de mustangs de un tamaño incalculable ya que, tanto a su derecha
como a su izquierda, se perdía en el horizonte. Era tal la cantidad de
caballos que le llevó a pensar que no hubieran podido entrar en los estados
de Rhode Island (4.000 km2) y Delaware (6.452 km2)
juntos. También cuenta que, en aquella entrada, él montaba un joven mustang
que había comprado en Corpus Cristi por 5$ y que había sido capturado en esa
enorme manada poco tiempo antes. Parece ser que durante
las guerras apaches (1861-1886) la caballería de los Estados Unidos decidió
montar mustangs puros para poder estar a la altura de la de los apaches, ya
que sus caballos habituales eran incapaces de resistir aquellas extenuantes
marchas por terrenos desérticos y con temperaturas extremas. Declive del caballo español en USA A partir del siglo XVI
empezaron a establecerse colonias inglesas en el noreste del continente
americano que, tras la declaración de independencia de 1776, darían origen a
los Estados Unidos de América. Estos colonos
anglosajones trajeron a América otras razas, principalmente caballos de tiro
(Belga, Percherón, Shire y Clydesdale, Shuffolk) y caballos de silla (PSI,
Cob, Hunter, Cleveland Bay). En la primera mitad del
siglo XIX forzaron una gran expansión hacia los territorios del sur y el
oeste, haciéndose con los territorios de Luisiana (1803), la Florida (1819),
Texas (1845) y norte de México (1848). Los colonos anglosajones se
encontraron con inmensas manadas de caballos mustang que poblaban las grandes
praderas de la Luisiana pero no los valoraron porque les resultaban pequeños
y procedieron a su eliminación o a la sustitución de los sementales por los
de razas de mayor tamaño con el fin de obtener caballos de mayor envergadura
para silla o tiro. En la Florida encontraron excelentes caballos de paso
fino, similares a los de Puerto Rico,
Colombia o Perú, y fueron muy demandados por los hacendados por su comodidad
para recorrer sus bastas propiedades. Se extendieron por todos los estados
del sur hasta Virginia, Kentucky y Missouri y fueron la base para la creación
de las razas de silla norteamericanas como el Tennessee Walkin Horse, Rocky
Mountain Horse, Missouri Fox Trotter, Morgan y American Shadelbred. También existía un tipo
de caballo de menor talla que era el que usaban los indios semínola y
chicksaw y los vaqueros o “crackers” de la Florida, del que desciende la
actual raza Cracker Horse. En Texas se mantuvieron
los caballos hispanos, muy similares a los de México (de donde se siguieron
importando muchos caballos) hasta la implantación del Quarter Horse como
caballo vaquero. En las ricas haciendas
de California se criaban muy selectos caballos españoles pero la fiebre del
oro de 1848 trastocó todo. La población humana de California pasó de 4.000 a 90.000
en 1849, y en 1855 los inmigrantes eran más de 300.000. Los buscadores de oro
o gambusinos requerían caballos para acceder a los campos de oro del Norte de
California y de Sierra Nevada. California agotó pronto su cabaña equina y fue
necesario importar gran cantidad de caballos de otros estados.
Californios,
El Hacendado y su mayordomo (Karl Nebel 1836) Por aquella época
surgieron en la Gran Cuenca o “Great Basin” empresas dedicadas a la captura
de mustangs que vendían a los mineros. Estas empresas también procedieron al
mestizaje de los mustang con razas norte-europeas de mayor porte (ver
artículo del quarter horse) con los que surtieron al ejército norteamericano,
a los colonos y a conflictos internacionales como la Guerra de los Boers o la
1ª Guerra mundial. Se estima en un millón los caballos capturados entre
finales del siglo XIX y principios del XX y enviados a estas guerras. En 1887 el Gobierno de
los Estados Unidos decidió convertir a los nativos del territorio indio de
Oklahoma en agricultores y poner a disposición de los colonos cientos de
miles de hectáreas vírgenes. Previamente procedió a exterminar al bisonte y
al mustang. Con la entrada del
siglo XX descendió la demanda de caballos para la remonta del ejército y se
optó por capturarlos masivamente y dedicarlos a la fabricación de alimento
para mascotas. Entre los años 1925 y 1930, la empresa conservera Schelesser
Bros de Portland (Oregón) sacrificó 300.000 mustangs, cuya carne enlatada
envió a Holanda y los países
escandinavos. Se calcula que más de
dos millones de mustang habitaban aún en los Estados Unidos en 1900 pero en
1970 sólo se censaron 17.000 ejemplares. Los mustang en la actualidad El 15 de diciembre de
1971, el Presidente Richard M. Nixon firmó el Wild Free-Roaming Horses and
Burros Act (WFRHBA) por la que se estableció la protección, gestión y control
de los caballos y burros salvajes en los Estados Unidos. Todos los caballos
sin marcar que pastaban en tierras federales pasaron a ser propiedad del
Gobierno Federal y, desde entonces los gestiona la BLM (oficina de gestión de
tierras) Hoy en día las
poblaciones de caballos salvajes gestionadas por la BML están restringidas al
suroeste de los Estados Unidos. Hay también unas manadas aisladas en las
islas del litoral de Virginia y Maryland, así como algunas más en Dakota y en
el sur que no son gestionados por el Gobierno Federal. Los mustang de la BML
muy pocas veces responden al tipo de caballo ibérico originario ya que la
mayor parte de esas poblaciones sufrieron cruces con diversas razas de silla
y tiro. En febrero de 2008 tenían censados 29.644 ejemplares repartidos entre
los siguientes estados:
Arizona 385 California 3.112 Colorado 933 Idaho 733 Montana 170 Nevada 15.455 Nuevo Méjico 97 Oregón 2.458 Utha 2.892 Wyoming 3.439 Algunas de estas
poblaciones, como los Pryor de Montana, los Cerbat en Arizona, los Sulphur de
Utha o los Kiger de Oregón mantienen una gran pureza. Además hay muchos
propietarios privados que, con mejor o peor criterio, mantienen la raza
spanish mustang. Robert E. Brislawn de Oshoto, Wyoming, promovió la creación
del Libro de Registro en 1957. Los caballos fundadores sólo fueron veinte
pero ahora cuenta con 3100 animales registrados. La muy encomiable y
principal meta de esta asociación es preservar la raza tal y como la templó
la Naturaleza, sin cruces y ajena a las modas y caprichos humanos. El prototipo racial que
figura en este registro es el siguiente: Tamaño: El Mustang español es un caballo de proporciones medias
cuya alzada oscila entre 134 cm a 152 cm. La alzada media ronda los 144 cm y
su peso es el proporcional a la talla. Cuerpo: De discreta musculación con espaldas cortas, grupa
redondeada y cola de inserción baja. Es armónico y su aspecto general es el
de un caballo bien equilibrado y sin problemas de constitución. El pecho es
profundo, con las espaldas correctamente inclinadas, pronunciadas y limpias Poseen la cabeza de tipo clásico español con el perfil
frontal recto o cóncavo y el perfil nasal convexo que está en contraste con
la frente y la nariz recta de la mayoría de las razas. Las orejas son de
tamaño mediano a corto y generalmente con muescas o curvas interiores. La
crin está bastante poblada en las yeguas y caballos castrados y es muy
poblada en los sementales adultos. El pecho es estrecho pero profundo y las patas delanteras
se unen al pecho formando una “A” en lugar de hacerlo en forma recta.
Extremidades: Las castañas son pequeñas o faltan por completo, sobre todo
en las patas traseras. Los espolones
de los menudillos son pequeños o inexistentes. Los cascos son muy
sólidos con paredes gruesas, muchos tienen los cascos estrechos “pie de mula" que resulta muy
resistente a los traumatismos por la concavidad de la tapa. Las cañas son
cortas, el brazo es largo y con el hueso radio de un perímetro
proporcionalmente mayor al de otras razas. Movimiento: De tranco largo, muchos tienen un paso portante cómodo,
parecido a la ambladura, de paso rápido o paso normal. Algunos ejemplares
amblan y hacer un muy buen paso de andadura aunque sin la flexión total de la
rodilla. Son muy resistentes y tienden a ser menos propensos a las lesiones,
especialmente de las extremidades, que otras razas. Capa: Las capas son muy variadas por la herencia de los primeros
caballos españoles que llegaron y que eran de muchas capas y patrones,
incluyendo dun, grullo, buckskin, pintos overo y sabino y appaloosa, si bien los
colores más comunes son bayo, castaño,
blanco y negro. Temperamento: Tienen una mentalidad muy diferente a la de los caballos
“domésticos”. No tienen un comportamiento servil y mecánico, sin embargo
establecen lazos con sus dueños y una vez consolidados desarrollan un gran
apego a esa persona. Muy inteligentes y con un sentido innato de auto
conservación, no son propensos a ponerse de motu propio en situaciones
peligrosas. Conservan gran parte de los instintos que les permitió sobrevivir
en el estado salvaje. Ellos piensan como caballos y tienen su propia opinión
de las cosas. A los propietarios que aprenden a entenderlos les va muy bien
con esta raza. Observaciones sobre la capa de los mustang Este patrón racial
coincide con muchos otros autores norteamericanos cuando dice que la capa del
mustang es muy variada por proceder de los caballos españoles y que éstos ya
eran de capas muy diversas. Es verdad que Bernal Díaz del Castillo cita a dos
ejemplares overos entre los dieciséis primeros en llegar a México pero el
resto eran nueve castaños, dos alazanes y tres rucios o tordos. Si
exceptuamos a los dos primeros, se podría decir que eran unas capas muy
comunes y poco diversas ya que no estaban representadas la mayoría de las
capas habituales en el mustang. Claro que estos dieciséis caballos no
representan a todo el contingente que luego llegó, pero es una muestra
aleatoria. En cualquier caso la diversidad de capas del mustang no se aprecia
en el resto de las razas caballares de Hispanoamérica (exceptuando el criollo
argentino, que tiene orígenes muy diversos). Por tanto no parece que sea esa
la razón por la que el mustang presenta esas capas tan pintorescas. La razón habría que
buscarla en los cuellos de botella por los que pasaron algunas de las
poblaciones fundadoras. Aquellos lotes de caballos abandonados por las
expediciones españolas del siglo XVI se vieron en la situación de sobrevivir
en medio de un inmenso territorio en el que no tuvieron posibilidad de
intercambiar sus genes con los de otros caballos hasta pasadas algunas
generaciones. Esto provocaría una intensa endogamia y ésta la mutación de los
genes trasmisores del código de la pigmentación (de la piel y del pelo).
Cuando el número de caballos mostrencos aumentó las manadas dejaron de estar
aisladas y esos genes alterados quedarían discretamente ocultos entre los del
resto de ejemplares de distinta procedencia (muchos de ellos recién alzados).
Las capas volverían a ser las propias de los caballos ibéricos aunque, de vez
en cuando, apareciera algún ejemplar de librea curiosa. El gusto extravagante
de los pieles rojas les llevó a preferir esas capas vistosas, a las que
incluso las atribuían significados sobrenaturales, y esa circunstancia
provocaría el rebrote y fomento de esos genes que permanecían latentes. Aún así, las capas más
comunes en el mustang fueron y siguen siendo bayo, castaño, rucio y negro.
También son muy comunes las capas bayo gateado y grullo, es decir las
afectadas por el gen diluyente Dun (D), que es dominante sobre la capa base. Cuando
la capa base en negra (E) el pelaje resultante es gris o “grullo”. Cuando
actúa sobre una capa castaña (Ea) produce un pelaje bayo gateado. Los cabos
(extremidades, hocico, orejas) son siempre negros y presenta raya de mulo y
ocasionalmente cebraduras en las patas, cuello y orejas. La crin y la cola
son de dos colores, siendo la zona central negra y las externas del tono del
cuerpo. Las capas dun fueron
muy comunes entre los caballos de algunas tribus de las praderas, como la de
los Lakota que habitaban en Minnesota, las Dakotas, Nebraska y Wyoming. Como
también era la capa propia del tarpán y a esa especie es a la que
popularmente se la atribuye la paternidad del caballo doméstico, llevó a
algunos a plantear extravagantes
hipótesis como la de que esos caballos no descendían de los españoles
sino de los caballos prehistóricos de Norte América, el Equus scotti o del Equus lambei, lo que supondría que los
caballos no se habían extinguido en América, o la teoría de que fueron
traídos por los chinos en época anterior al descubrimiento de Cristobal
Colón, o la de que descendían de los que llevaron los vikingos en el siglo
XI, cuando precisamente estas capas, junto a la negra, son las más genuinas
de los antiguos caballos ibéricos (ver
artículo de la encebra ibérica).
Recreación
del caballo estepario ibérico Asociaciones de ganaderos de caballos de origen ibérico en
USA: The American
Livestock Breeds Conservancy, P.O. Box 477,
Pittsboro, NC 27312, (919) 542-5704, Email: albc@albc-usa.org, American Indian Horse Registry,
Nancy Falley, 9028 State Park Road, Lockhart, TX 78644 , (512) 398-6642, American Sulphur Horse Association,
Sherryl Fitzwater, 2180 Mt. Olive Ch. Rd. Taylorsville, NC 28681, Email: Sherryl@Sulphurhorseranch.com Carolina Marsh Tacky Association,
6685 Quarter Hoss Lane, Hollywood, SC
29449, (843) 906-2274, Email: marshtacky@gmail.com Cerbat Herd Area - Kingman Field Office, 2755 Mission Boulevard, Kingman, AZ
86401-3629, (928) 718-3700, Corolla Wild Horse Fund, PO Box 361, 1126 Schoolhouse Lane, Corolla, NC 27927, (252) 453-8002, Email: director@corollawildhorses.com info@corollawildhorses.com Florida Cracker Horse Association Inc,
James Levy, Executive Director & Registrar, 2992 Lake Bradford
Road Tallahassee, FL 32310, (850) 575-6522, Email: jlevyjr@comcast.net Foundation for Shackelford Horses,
304 Golden Farm Road, Beaufort, NC
28516, (252) 728-6308, fax:
(252) 728-6395, Email: info@shacklefordhorses.org cmason5@ec.rr.com www.shacklefordhorses.org/default.htm Horse of the Americas, 129 West Stage Coach Trail, Inverness, FL 34452, (352) 637-5775, Email: sacredhorseranch@yahoo.com Mount Taylor Mustangs, PO Box 38, New Laguna, NM, (505-) 52-0395, Email: star@mttalyormustangs.com Pryor Mountain Mustang Breeders Association,
PO Box 884, Lovell, WY 82431, www.pryorhorses.com Southwest Spanish Mustang Association
(Choctaw), Bryant Rickman, PO Box 948, Antlers, OK 74523, (580) 326-8069, (580) 326-6005, Email: sistymonroe@aol.com www.southwestspanishmustangassociation.com Spanish Barb Breeders Association,
PO Box 1628, Silver City, NM
88061, (575) 388-1023, Email: SSchne1068@aol.com Spanish Barb Breeders Association/ Wilber-Cruce
Mission Horse Registry, Jane Dobrott, Registrar, Highway, Contract 31 Box 95, Caballo, NM 87931, (505) 895-5381, Email: horses-r-us@zianet.com
, horsesrus@wildblue.net Spanish Mustang Registry, Marye Ann Thompson, Registrar, County Road 3 Box 7670, Willcox, AZ,
(602) 384-2886 Sulphur Horse Registry, PO Box 75, Baker, NV 89311-0075 Sulphur Springs Horse Registry,
1245 So. 6300 W. Cedar City, UT 84720, (435) 865-0454, Email: naylene@interspan.com http://www.sulphurspringshorseregistry.com The SORRAIA MUSTANG STUDBOOK
(SMS) http://www.spanish-mustang.org/startsms.htm Kiger Mesteno
Association http://www.kigermustangs.org/reg/index.php Circle S Kigers http://www.circlesranchandoutfitters.com/ Double L Kigers http://www.doublelkigerranch.com/ The American Sulphur Horse Association http://www.americanspanishsulphur.org/ PRYOR MOUNTAIN WILD MUSTANG CENTER Principio del documento
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